viernes, 26 de septiembre de 2014

¿El destino existe o nosotros lo creamos?



Nosotros somos los actores de nuestro propio destino, aunque las oportunidades nos llegan la decisión de detectarlas y tomarlas es nuestra, tenemos el libre albedrío.
Podemos hacer algo grande de nuestra vida, o simplemente vivir el día a día a la deriva.

Erase una vez un violinista… 

Esta historia es sobre un hombre que reflejaba en su forma de vestir la derrota, y en su forma de actuar la mediocridad total.

Este hombre, sucio, maloliente, tocaba un viejo violín.

Frente a él y sobre el suelo estaba su sombrero, con la esperanza de que la gente manifestará lástima por su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa.

El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era del todo imposible identificarla debido a lo desafinado del instrumento, y a la forma mediocre y aburrida con que tocaba ese violín.

Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo musical.

Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes. Y no pudieron menos que reír de buena gana.

La esposa le pidió, al concertista, que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior del sombrero del mendigo, y decidió hacer algo.

Le solicitó el violín. Y el mendigo musical se lo prestó con cierto recelo.

Lo primero que hizo el concertista fue afinar sus cuerdas.

Y entonces, vigorosamente y con gran maestría arrancó una melodía fascinante del viejo instrumento. Los amigos comenzaron a aplaudir y la gente que pasaba por ahí comenzaron a juntarse para ver el improvisado espectáculo.

Al escuchar la música, la gente de la cercana calle principal acudió también y pronto había una pequeña multitud escuchando  el extraño concierto.

El sombrero se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones. Mientras el maestro sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría.

El mendigo musical estaba aún más feliz de ver lo que ocurría y no cesaba de dar saltos de contento y repetir orgulloso a todos: "¡¡Ese es mi violín!! ¡¡Ese es mi violín!!". Lo cual, por supuesto, era cierto.

La vida nos da a todos "un violín". Son nuestros conocimientos, nuestras habilidades y nuestras actitudes. Y tenemos libertad absoluta de tocar "ese violín" como nos plazca.

Se nos ha dicho que Dios nos concede libre albedrío, es decir, la facultad de decidir lo que haremos de nuestra vida. Y esto, claro, es tanto un maravilloso derecho, como una gran responsabilidad.

Algunos, por pereza, ni siquiera afinan ese violín. No perciben que en el mundo actual hay que prepararse, aprender, desarrollar habilidades y mejorar constantemente actitudes si queremos ejecutar un buen concierto.

Pretenden un sombrero llena de dinero, y lo que entregan es una mediocre melodía que no gusta a nadie.

Esa es la gente que hace su trabajo de una forma mediocre, y dicen: "peor es nada, así se va..." y no hacen ningún esfuerzo adicional.
Piensan en términos de "me vale...", y creen que la gente tiene la obligación de recompensarlos por su pésima ejecución.

Es la gente que piensa solamente en sus derechos, pero no siente ninguna obligación de ganárselos.

Tú y yo, y cualquier otra persona, tenemos que aprender tarde o temprano, que los mejores lugares son para aquellos que no solamente afinan bien ese violín, sino que aprenden con el tiempo también a tocarlo con maestría.

Por eso debemos de estar dispuestos a hacer bien nuestro trabajo diario, sea cual sea. Y aspirar siempre a prepararnos para ser capaces de realizar otras cosas que nos gustarían. La historia está llena de ejemplos de gente que aún con dificultades iníciales llegó a ser un concertista con ese violín que es la vida. Y también, por desgracia, hay muchos otros, que teniendo grandes oportunidades, decidieron con ese violín, ser mendigos musicales.

La verdad es que Dios nos concedió "libre albedrío". Tú puedes hacer algo grande de tu vida, o hacer de ella una porquería. Esa es su decisión personal.

LO NEGATIVO: Negarnos a afinar bien nuestro violín de la vida. Y quejarnos de que la gente no disfrute la melodía que sacamos de él.

LO POSITIVO: Comprender que, nos guste o no, solamente prosperaremos si afinamos bien ese violín, y aprendemos a sacar de él las mejores melodías.

Julio Alarcón.

4 comentarios:

  1. En efecto Sr. Tenemos en nuestra responsabilidad hacer un gran concierto o un simple acto de magia, yo quiero hacer una melodía agradable a Dios primero y luego haberlo para ayudar a más personas como usted nos ha enseñado a construir mejores seres humanos. Espero Sr. Hacer un concierto con mi equipo de trabajo que sea agrable a Dios y dignifiqué mi vida mi compromiso es prepararme.

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  2. Es muy cierto Sr. tenemos muchas herramientas para dar lo mejor de uno, lo tomo personalmente veo a mi alrededor Dios me a bendecido dandome lo que necesito para poder superarme
    solo depende de mi cuanto yo quiera esforzarme y aprovechar lo que tengo para afinar mi violin, usted a enseñado que no tenemos que ser acomodados y el que persevera alcanza no es de solo pensar las cosas hay que llevarlas a la practica. saludos...

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  3. Nosotros somos los actores de nuestro propio violin buscando ser personas de éxito o simplemente personas medicres, es nuestra desicion de que nombre le queremos poner

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  4. Totalmente creó que cae en mi una gran responsabilidad al leer este mensaje porque tengo que ser ejemplo en mi hogar y en mis labores dando ejemplo a ser un buen músico y que mis chicos lo crean en sí mismos y puedan marcar diferencia en sus vidas.att José Cotzajay.RR Periroosevelth.

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