miércoles, 9 de octubre de 2013








¿Hay rezagados en su organización?

¿Qué virtudes aprendió usted a y cuáles ha inculcado en su empresa.

 David Isaacs, experto en educación, propone un modelo de cuatro fases para la enseñanza de las virtudes, el cual nos ayuda a entender
el estancamiento, retroceso y conflictos en las relaciones que afectan a algunas
empresas, familias y equipos.

La primera etapa se debe aprender tres virtudes:

Obediencia, sinceridad y orden
En las organizaciones, es difícil lograr acatamiento de solicitudes que provienen de personas que no inspiran deseo de obedecerles. Igualmente, es complicado hablar con la verdad en un clima con temor a represalias y más aun alcanzar metas en un ambiente desordenado donde abundan las improvisaciones. Estas virtudes serán la base para una inicial y armoniosa convivencia.

En la segunda etapa deben aprender:
Fortaleza, perseverancia, laboriosidad, paciencia, responsabilidad, justicia y
generosidad.
 
Es la fase para despertar el buen criterio, el discernimiento y ser resistentes ante los obstáculos. El apego a principios hace que las decisiones en la empresa sean consistentes y constantes en el esfuerzo hacia las metas. En
esta etapa nos impregnamos de la actitud hacia los retos.

En la
tercera etapa deben aprender: 
Sencillez, sociabilidad, amistad, respeto.

Las tentaciones de lo placentero debaten con la responsabilidad. Si la empresa no es profunda en sus convicciones, se dejará llevar por pasiones materialistas por encima del bien común. Ya se tiene criterio y todos quieren saber las razones de todo, si las mismas no son convincentes se pierde la pertenencia, la armonía y el respeto a las tradiciones, a las normas y hasta a ciertas figuras de autoridad.

Finalmente la
cuarta etapa deben aprender: 
Prudencia, flexibilidad, comprensión, lealtad, audacia, humildad y optimismo
Llegó el momento de actuar con inteligencia ante decisiones que marcarán el futuro y de
desarrollar aptitudes intelectuales que facilitarán el crecimiento. 
Se ha pasado de las exigencias u obediencia, al convencimiento propio y al empoderamiento
para ser proactivos, equilibrados, positivos y socialmente responsables. ¡Llegamos
al preámbulo de la madurez!

Seguramente, al leer esta tipología usted está evaluando su propio caso, pero también le encontrará sentido a las contradicciones que a lo mejor suceden en su equipo de trabajo, debido a que algunos de sus miembros no maduraron a tiempo y transitan con rezagos en el desarrollo de sus virtudes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario