martes, 28 de agosto de 2012

Eliminemos el Habito de la Queja









En la vida, nos encontremos con situaciones que nos gusten y con otras que nos disgusten.

Algunos optan por adaptarse, aprender y superase; pero otros, se enfocan en lo que les molesta y usan como recurso de escape la queja.

Vivir en el mundo actual no es necesariamente fácil, nos pone en situación de adaptarnos o resistirnos. En cualquiera de esas dos opciones, una de las prácticas más frecuentes es quejarse.

 Esto no constituiría un problema de no ser porque se convierte en una tendencia frecuente y automática, que afecta a la propia persona y a quienes se encuentran alrededor de ellas.

Aunque parezca que quejarse es una forma sana de liberación, de desahogo,  anti estrés, la quejadera tiene efectos emocionales y afectan las relaciones.

En su libro "Decisiones", Shad Helmsteter se refiere a este tema, y lo menciona como una “nefasta costumbre colectiva”, un hábito que repetimos porque nuestra mente ha sido programada para hacerlo. El asunto es que cada vez que algo no sucede como deseamos que suceda, nos da por lamentarnos.

 El problema real no es quejarse, sino la intensidad emocional presente en la queja, la frecuencia con la cual  se realiza, cuando comenzamos a quejarnos, nuestro cerebro sufre cambios importantes.

 La queja va acompañada de un sentimiento de injusticia, impotencia y frustración,  en consecuencia, el cerebro produce hormonas que alteran nuestras funciones normales, como: adrenalina, noradrenalina y cortisol. Estas hormonas, afectan nuestros pensamientos y nuestra conducta.

 Así, nos convertimos en personas pesimistas y nuestra capacidad de respuesta ante los eventos se reduce.

 La quejadera nos programa negativamente. Nos hace esperar lo malo e incluso justificarlo. Además, atraemos gente quejosa y pasiva que nos limitan la racionalidad, la objetividad, la fortaleza.

Esto termina por afectar nuestra autoimagen, y nuestra imagen social y por ende nuestras relaciones de pareja, trabajo y familia.

¿Quién quiere estar con una persona quejosa que se muestra débil y frustrada?

La quejadera es unan revelación de inmadurez, pues es una forma indirecta de rendición ante las dificultades.

La queja nos aleja de los pensamientos que son necesarios para cambiar, para enfrentar, para resolver.

Es claro que ante ciertas situaciones hay que quejarse, reclamar y defenderse. No estoy proponiendo negar
la realidad, reprimirse o actuar tímidamente. Planteo la necesidad de hacernos conscientes del momento en el cual quejarse empieza a ser un comportamiento diario, habitual o automático. Detrás de esta costumbre tan popular, se esconde una baja autoestima, decir una falta de amor propio.

La mayoría de los quejosos no actúan,  mantienen un comportamiento pasivo con lo que les frustra.

Sería más efectivo preguntarse: ¿Qué puedo hacer, cómo debo hacerlo y cuándo , para modificar cuanto antes esta situación ?¿Es esto tan grave como para que tenga que sentirme de esta forma?

Pensemos que bastan quince minutos diarios de queja para acumular cinco mil minutos anuales de autodestrucción emocional.

El objetivo es cambiar usted y nadie más. Su ejemplo, motivara que otros cambien.

Hay muchas alternativas además de la queja, y siempre con mejores resultados.

Aunque sea difícil, siempre venceremos si somos insistentes.

2 comentarios:

  1. la realidad que el quejarse es una venda mas que colocamos en nuestros ojos y que hacemos que sean un obstaculo mas para encontrar una solucion o salida mas viable que no ayadaria crecer formanos como mejores seres huamanos y profesionales.
    El quejarce es una salida facil y contaminante para quienes nos rodean.

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    1. Cuando hacemos de las quejas un habito, estas quejas se hacen una realidad en nuestra mente y en nuestra vida, se transforman en excusas y después se convierten en nuestras realidades que nos limitan.

      Saludos

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